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El Experimento Secreto de Dios es un espectáculo unipersonal que ha ido tomando forma durante seis años en la cabeza de Bernar Caldevilla hasta que el año pasado conseguimos hacer su sueño realidad, tras varias funciones en Madrid se estrenó en Argentina, el 2 de enero de este año, abriendo temporada en el Teatro Nacional de Rosario donde tuvo muy buenas críticas, al volver a España estrenamos en Cantabria, nuestra tierra y la trotamos por Madrid y otras provincias.
Hoy es un gran día, como bien dice el refranero español, el que la sigue la consigue, y estos años de trabajo, ilusión, perseverancia y ganas de trabajar, le han llevado a hoy, si hoy día 16 de julio, mi santo, a estrenar en el teatro mas céntrico de Madrid, el más próximo a la Puerta del Sol, el Teatro Arenal, y si tenemos suerte estaremos hasta agosto, hablo en plural y me incluyo porque a pesar de ser un unipersonal con Bernar como protagonista, él se lo guisa, él se lo come, me siento orgullosa de haber puesto mi granito de arena en éste fantástico espectáculo que no deja a nadie indiferente.
Viéndole en el escenario recordaba las noches en vela perfeccionando los personajes, hilando las palabras y uniendo las sonrisas…pensaba en que locura me estaba metiendo, pero la realidad es que hacía mucho tiempo ya me había embargado esa locura, y hoy he sentido orgullo en el pre-estreno al verlo encima del escenario…los sueños se hacen realidad.
Y como no es una estrella de la televisión, ni una cara superconocida del teatro o famoseo, necesito vuestra colaboración, difundir esta obra, colabora con nosotros hablando de ella a tus amigos, contactos e incluso viniendo tu al teatro, sé que estamos en crisis pero un día es un día, son 10 euros y poco a poco conseguiremos estar hasta el 30 de agosto.
Os esperamos en el teatro.
Horarios: Precios:
De Martes a Sábado a las 21:00 horas De Martes a Viernes 10€
Domingos a las 20:00 horas Sábados y Domingos 12€

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad
después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo
los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos
claro que la soledad no viene sola
si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente
después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad
conforme
pero
qué vendrá después
de la soledad
a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después
de la soledad.
Mario Benedetti
El Experimento Secreto de Dios
Video promocional, Bernar Caldevilla
Nos vemos en el teatro
Promo del Teatro Nacional de Rosario, Argentina

Mi última aventura, apoyo incondicional a mi amigo Bernar en este espectáculo estrenado el pasado enero en Argentina con muy buenas críticas.

Si pudiera manejar el tiempo…pasado, presente y futuro..
Entrar en ese abismo del que no podemos escapar y hacerle frente..
Se me ocurren tandas cosas para hacer, tantos sitios que visitar..
Un tunel por el cual deslizarme y a pesar de su oscuridad, me abriera los ojos..
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Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.
Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
Franz Kafka
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